Dictamen del INB sobre el Juramento del Río Pasaje (13 de febrero de 1813)


Buenos Aires, 01 de diciembre de 2015

Señor Presidente
del Instituto Nacional Belgraniano
Lic. Manuel Belgrano
S./D.

Atento al asesoramiento solicitado precedentemente sobre la inquietud elevada por nuestro Miembro de Número M.P.N. Alejandro Pojasi Arraya, Presidente del Instituto Belgraniano de la Provincia de Salta y por el Agr. Alejandro Uballes, Presidente del Instituto Belgraniano de Gral. Güemes, acerca de la controversia que todavía se suscita en la Provincia de Salta sobre la Jura de Obediencia por el Ejército Auxiliador del Perú, a las órdenes del general Belgrano, realizada a la Asamblea del Año XIII, del 13 de febrero de 1813 en el río Pasaje (hoy denominado Juramento); la Comisión Académica conformada el 19 de octubre de 2015 por acta de asamblea ordinaria nº 576 del Instituto Nacional Belgraniano (en uso de sus atribuciones legales previstas por el Art.15 del Decreto del P.E.N. Nº 1435/92) informa:

1º) Que el 13 de febrero de 1813, tres días después de acampar a orillas de la margen norte del río Pasaje, en Salta (inmediatamente denominado río “Juramento”) Manuel Belgrano hizo jurar a sus tropas del Ejército del Norte fidelidad a la Asamblea General Constituyente del Año XIII por orden de la autoridad central y con instrucciones especiales; según consta en los documentos oficiales que registraron tales hechos y que pueden leerse en adjunto[1].

2º) Que el propio general Belgrano informa dicho día al Gobierno: “Cumpliendo con lo que Vuestra Excelencia me ordena con fecha de 1° del corriente, procedí en este día al reconocimiento y competente juramento de obediencia a la Soberana representación de la Asamblea nacional bajo la solemnidad respetuosa de las armas de mi mando y según la fórmula que Vuestra Excelencia me prescribe”[2]. Acto seguido relata de su puño los detalles de la solemne y regocijante ceremonia.

3º) Que tal orden gubernamental del 1° de febrero de 1813 previene a Belgrano que “no obstante que se le ha comunicado por separado lo conveniente acerca del reconocimiento y jura de la Asamblea General Constituyente”[3] debía sujetarse “a la fórmula del juramento de bandera que se acostumbra tomar a los reclutas”[4].

4º) Que en cuanto a las banderas y estandartes de las unidades del Ejército y de la Marina española, el acto de juramento de fidelidad debía realizarse según lo prescripto por el artículo 1º, tratado III, título VIII de las Ordenanzas de Su Majestad para el régimen, disciplina, subordinación y servicio de sus Ejércitos, fechadas el 22 de octubre 1768 y dispuestas por Carlos III.

5º) Que dado que el acto de reconocimiento y fidelidad a la Asamblea debía efectuarse con una ceremonia formal y solemne, destinada a grabarse en la memoria social y en la de los protagonistas; como forma de jerarquizar a dicha autoridad en la consideración general;

6º) Que el ceremonial público de la época se estructuraba en las prácticas por entonces vigentes y en las normas dictadas por los sucesivos soberanos, las que tenían al Rey como principal referente, aún en mínimos detalles;

7º) Que los primeros gobiernos patrios mantuvieron vigentes las normas de origen colonial y las prácticas pertinentes, las que debían aplicarse a los nuevos tiempos, salvo disposición en contrario;

8º) Que por decreto del 23 de marzo de 1812 el Primer Triunvirato dictó “Instrucciones a los comisarios de guerra” en cuyos artículos 19 y 61 se dispuso sobre el juramento de banderas por parte de los reclutas[5].

9º) Que como su nombre lo indica, la nueva autoridad, la Asamblea General Constituyente, era de naturaleza revolucionaria y que al 13 de febrero de 1813 no había dictado un ceremonial para aplicar a sus actos y procedimientos, como resulta de

10º) Que, pese a lo relacionado, algunos testigos presenciales de aquellos acontecimientos pudieron, involuntariamente, trastornar su comprensión de la naturaleza jurídica de tal ceremonia en que los involucraba el general de su mando.

11º) Que esta elucubración podría aplicarse al caso de José María Paz, uno de los subordinados del general Belgrano, quien en sus célebres Memorias[6]., al describir la ceremonia, aseveró erróneamente: “efectivamente, hubo juramento, pero no juramento de la Independencia, sino de la bandera que se nos presentaba”[7].

12º) Que en 1855 los hijos del general Paz publicaron por vez primera en Buenos Aires las memorias póstumas de su padre (al año de fallecer su autor) con el título de Memorias póstumas y el siguiente subtítulo: Comprende sus campañas, servicios y padecimientos, desde la guerra de la Independencia hasta su muerte, con variedad de otros documentos inéditos y de alta importancia. Repiten sus biógrafos que Paz comenzó a escribir las Memorias por el año 1848 o 1849, mientras expatriado en Brasil se interesó en la lectura de un manuscrito de Belgrano. El mismo Paz comienza su obra diciendo: “La lectura del fragmento de una Memoria sobre la Batalla de Tucumán, escrita por el virtuoso y digno general Belgrano, me ha hecho recordar de aquellos hechos de que fui testigo y actor, aunque en una edad muy temprana y una graduación muy subalterna, y excitado el deseo de hacer sobre ella algunas observaciones y, si me fuese posible, concluirla”[8].

13º) Que a posteriori Paz conoció otras páginas de recuerdos personales, esta vez escritas por el general Gregorio Aráoz de Lamadrid quien se las había vendido a Andrés Lamas. Se estima que ambos trabajos (el de Belgrano y el de Lamadrid) impulsaron a Paz a escribir sus propias memorias.

14º) Que Paz fue un expositor bien inspirado y hasta sincero. No obstante su apasionamiento político y su afán autoexaltativo provocó que no siempre sus afirmaciones sobre un complejo período de treinta y cinco años de historia argentina, ni sus juicios respecto de determinados personajes o episodios, fueran los más veraces. Bien dice Carbia que sus memorias “valen, pues, como un documento, mas no son, ni con mucho, la síntesis de los documentos de ese momento de la vida nacional” y que “el verdadero carácter del contenido de las Memorias de Paz, por otra parte, lo revelan, a las claras, las protestas que ellas levantaron”[9].

15º) Que primerísima entre esas protestas cabe mencionar la esperable respuesta del mencionado general Lamadrid quien reclamaba para así el derecho de prioridad respecto de algunas noticias que a través de Lamas llegaron a Paz. Así es que publicó, en dicho año 1855, sus Obsebvaciones [sic, el apuro colmó de errores tipográficos el escrito comenzando por el título] sobre las memorias póstumas del brigadier general don José M. Paz, por el general don Gregorio Aráoz de La Madrid y otros Jefes contemporáneos[10]. Se empeña en contradecir a Paz, iniciando tal acometida contra el “manco” defendiendo la figura de Belgrano[11].

16º) Que el general Tomás de Iriarte también dirimió en la contienda abierta por los impugnadores del general Paz, del lado de estos últimos. En tal año de 1855 publicó un trabajo bajo el título: Ataque, defensa y juicio sumario de las memorias del general Paz, en el que sostuvo: “Ha sido entretanto una gran felicidad para la historia argentina, que las Memorias del general Paz sean contemporáneas, porque de otro modo su apreciación de los hechos; las personas y las cosas la habrían completamente desfigurado; y digo esto, porque en esta época en que las Memorias se han publicado muchos testigos presenciales podrán impugnar, como yo me he propuesto en mi caso, los innumerables pasajes adulterados de que abundan”[12].

17º) Que en 1855, como los militares arriba mencionados, Lorenzo Lugones, publicó sus memorias denominadas Recuerdos históricos sobre las campañas del ejército auxiliador del Perú en la guerra de la Independencia, en esclarecimiento de las Memorias póstumas del brigadier general Don José María Paz. En la Introducción de su obra aclaró sus propósitos, ya bastante explícitos en el título: “Al emprender un trabajo tan superior a mis fuerzas y ajeno hasta cierto punto de mi profesión, he tenido en cuenta concurrir con mi grano de arena al esclarecimiento de la verdad histórica de mi país”[13].

18º) Que Lugones, quien para 1812 pertenecía al ejército de Belgrano en la categoría de alférez y contaba con 16 años y pese a sus buenas y humildes intenciones, contribuyó con sus escritos a la referida confusión histórica. Al recordar (aunque muy posteriormente) dicho acto solemne del 13 de febrero de 1813 dijo: “Habiendo el ejército formado en parada conforme a la orden general, se presentó en el cuadro, Belgrano con una bandera blanca y celeste en la mano que la colocó con mucha circunspección y reverencia en un altar situado en medio del cuadro; proclamó enérgica y alusivamente y concluyó diciendo, “Este será el color de la nueva divisa con que marcharán a la lid los nuevos campeones de la Patria”. Afirmó Lugones renglones después “¡Oh Bandera de mi Patria guerrera! ¡Signo precioso de la libertad, inmortal divisa de la noble igualdad; yo también en ese día, acaso el más joven de todos los guerreros de ese tiempo, en medio de todo un ejército que desfilaba por delante de ti, a tus pies, juré por la Patria, en cien batallas vencer o morir!”[14].

19º) Que a raíz de lo equívoco de las afirmaciones vertidas en los pasajes de las memorias de Lugones y Paz, se formó cierta tradición entre escritores y aficionados a la historia salteños (encabezada por Luis Colmenares), la cual sostiene hasta el día de hoy que el día 13 de febrero de 1813 en el Río Pasaje se había jurado la Bandera Nacional. Tendencia que pese a que a todas luces, falsea la veracidad y rigurosidad histórica sobre el desarrollo de tales sucesos; derivó en la conformación de una “Comisión de revisión histórica” en el Depto. Güemes de la Provincia de Salta y en la aprobación de la Ordenanza Municipal de la Ciudad de Gral. Güemes Nº 457/15 del 2 de Septiembre de 2015.

20º) Que como se colige claramente de los documentos de la época y de la bibliografía principal sobre la guerra de la independencia americana[15]; es indudable que el juramento no fue a la bandera, sino a la Asamblea, en presencia sí de la bandera blanca y celeste; símbolo creado por Belgrano poco menos de un año antes en las barrancas del Río Paraná y jurado y bendecida por primera vez en Jujuy el 25 de mayo de 1812 en conmemoración de la gesta de 1810*.

*Anexo explicativo del inciso 20º.

La Jura de la Bandera fue un acto protocolar que define la totalidad del hecho jurídico de la independencia en su simbología como expresión indubitable de soberanía y su reconocimiento ante las demás naciones del globo, por lo que no puede obviarse su sacralización como hecho antecedente.

El poder del Rey como autoridad de estas tierras había sido institucionalizado por las bulas papales de Alejandro VI y Julio II, dándole a la corona autoridad sagrada en razón de la evangelización de estas tierras, por cuanto su soberanía era legitima y no podía ser reemplazada por otro poder sin caer en la herejía; el Rey actuaba en América con poder absoluto y este poder estaba expresado por sus símbolos presenciales; cual era, el estandarte real que era paseado por el alférez, en las fechas significativas por las calles reales e introducido en la iglesia refrendando su autoridad delegada por Dios.

Belgrano como abogado pensó en todas y cada una de las formas jurídicas que validaran el hecho de la creación de una nueva nación:

1º Presentó una nueva bandera por el creada cuyos colores representaban una nueva identidad nacional los que ya habían sido aceptados por el gobierno central con la aprobación de la escarapela en Rosario y con la cual reemplazaba al símbolo presencial al monarca como Poder-Estado.

2º La Bandera la hizo pasear con guardia de honor por el ejército con fastos y galas por las calles reemplazando al estandarte Real que era la representación personificada del Rey.

3º Fue entregada a los miembros del Cabildo vestidos de gala y aceptada por estos y luego expuesta en sus balcones a consideración del pueblo para su aceptación constituyendo esto un acto jurídico.

4º Fue portada por su portaestandarte que reemplazaba al Alférez Real y este era de sangre noble (el Barón de Holmberg) tal lo exigido para quienes eran dignos de portar los símbolos sacralizados.

5º Se realizó en una fecha significativa al nacimiento de la nueva patria (segundo aniversario del 25 de mayo).

6º Fue introducida la nueva bandera para su bendición en la iglesia matriz, lugar que por disposición papal, solo podían ingresar las banderas del estado papal y la del estado contenedor (española hasta entonces) a la cual reemplaza y la hizo bendecir por el Canónigo Gorriti, significando la aceptación de la Iglesia al nuevo estado nacional, realizando un solemne Tedeum.

7º Se realizó la jura popular por todas las castas de la ciudad y formalmente se realizó una marcha de exposición con vivas, fuegos artificiales y de artillería, corrida de toros, festejos, sombras chinescas, condonación de deudas públicas, y libertad de esclavos, según se disponía para los festejos reales en sus fechas significativas, tal consta en el Archivo Capitular.

8º Al año siguiente, luego de la batalla de Salta siendo “Capitán General” título otorgado por la Asamblea Constituyente (de las viejas Capitanías Generales) que le otorgan fuero jurídico refrenda la intención soberana en la bandera.

Víctor E. Rodríguez Rossi – Claudio Morales Gorleri – Carlos M. Marturet – Miguel Carrillo Bascary – Luis Grenni

[1]Cfr. A.G.N., Sala X, 44-8-30 y A.G.N., Sala X, 3-10-5. Cfr. asimismo “Gaceta de Buenos Aires del miércoles 10 de marzo de 1813” en Gaceta de Buenos Aires (1810-1821), Junta de Historia y Numismática Americana, número 48, tomo III, Buenos Aires, Compañía Sudamericana de Billetes de Banco, 1911, pp. 116-117.

[2]Cfr. A.G.N., Sala X, 44-8-30.

[3]Ídem.

[4]Ídem.

[5]Registro Nacional de Leyes y decretos; Tomo I, págs. 143 y sigtes.

[6]José María Paz, Memorias Póstumas, Buenos Aires, Biblioteca del Oficial, anotada por el Teniente Coronel Juan Beverina, 1924, tomo I,  pp. 112-113.

[7]José María Paz, Memorias … , tomo I, p. 113.

[8]José María Paz, Memorias … , tomo I, p. 61.

[9]Rómulo D. Carbia, Historia crítica de la historiografía argentina, La Plata, Universidad de La Plata, 1939, p. 336.

[10]Gregorio Aráoz de Lamadrid, Observaciones sobre las Memorias Póstumas del brigadier Gral. Don J. M. Paz y otros jefes contemporáneos, Buenos Aires, Lib. M. A. de Rosas, 1912, p. 3.

[11]Cfr. Matías Dib, “Manuel Belgrano como Jefe del Ejército del Norte evocado por militares-escritores contemporáneos” en Anales del Instituto Nacional Belgraniano, número 12, Buenos Aires, Instituto Nacional Belgraniano, 2008.

[12]Tomás de Iriarte, Ataque y defensa y juicio sumario de las Memorias del General Paz, Buenos Aires, Imprenta Americana, 1855, pp. 30-31.

[13]Lorenzo Lugones, Recuerdos históricos sobre las campañas del Ejército Auxiliar del Perú en la Guerra de la Independencia, Buenos Aires, 1888.

[14]Ibídem, pp. 45-47. Reconocía Lugones tres cualidades, según él, en su jefe Belgrano: patriotismo absolutamente desinteresado, contracción al trabajo y constancia en las adversidades.

[15]Por caso pueden citarse la explicación de Bartolomé Mitre en su Historia de Belgrano y los comentarios y anotaciones del propio Julio Beverina a la obra póstuma del Gral. Paz.

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