El Militar

Éxodo Jujeño

Estando Belgrano en Jujuy, como General en Jefe del Ejército del Norte, en julio de 1812, se produjo una gran avanzada realista, que amenazaba destruir totalmente lo poco que se había ganado a fuerza de sacrificio y coraje.

Fue necesario recurrir no sólo al patriotismo, sino a la abnegación de los criollos. El 14 de julio de 1812 Manuel Belgrano emite un primer bando convocando a las armas a los jóvenes ciudadanos de Jujuy:

“Cuando el interés general exige las atenciones de la sociedad deben callar los intereses particulares, sean cuales fuesen los perjuicios que experimentasen; éste es un principio que sólo desconocen los egoístas, los esclavos y que no quieren admitir los enemigos de la causa de la Patria; causa a que están obligados cuantos disfrutan de los derechos de propiedad, libertad y seguridad en nuestro suelo, debiendo saber que no hay derecho sin obligación y que quien sólo aspira a aquel, sin cumplir con ésta, es un monstruo abominable, digno de la execración pública y de los más severos castigos. Exige por hoy el interés general que todos tomen las armas para sostener esa misma causa, cuya justicia está apoyada en fundamentos incontrastables de derecho natural y divino, y de cuanto los hombres sobre éstos han establecido para su felicidad, y no hay razón para que no haya quien quiera exceptuarse del servicio, bajo cualesquiera pretexto, ni de distinción, ni de riqueza, único apoyo que ha tenido hasta ahora aquella, ni cualesquiera otro motivo que se quiera significar y que solo sea carga de los pobres miserables exponer su vida para que los poderosos se mantengan gozando tan vez del sudor de aquellos mismos.

Llevar las armas de la patria, obtener el título de soldado de ella, será una distinción de las más apreciables que caracterizará a los hombres de bien, o lo que es lo mismo, a los hombres a que adornan virtudes cristianas y políticas, en que debe estribar entre nosotros la nobleza y de que son susceptibles así los ricos como los pobres, y sólo podrán degradar al honroso nombre de soldado los hombres viciosos é indignos por sus malas circunstancias de vestir el uniforme de la patria y no ser hijos virtuosos que derraman su sangre en el campo del honor.

En consecuencia de esto y de que hablo con unos pueblos a quienes distingo, llamo a todos los ciudadanos desde 16 años hasta 35, amantes de la libertad, a alistarse en las banderas de la patria, mientras se pone en práctica un reglamento de reclutas, exceptuándose únicamente los casados que estuviesen en ocupación conocida; mas éstos deberán también alistarse para formar un cuerpo de guardia cívica, que ha de disciplinarse en sus obligaciones todos los días festivos, el cual ha de servir para la seguridad y tranquilidad de los pueblos, velando y celando por las noches con la mayor exactitud y conforme al orden que se establezca por el señor gobernador y teniente gobernador de la provincia.

La ocupación, como he dicho, ha de ser conocida; esa saber: de labranza, de cría de ganados, de oficio mecánico permanente, de comerciante o tendero en actual ejercicio, pudiendo éstos tener dependiente únicamente en el caso de imposibilidad de ejecutar por sí mismos el orden de sus negocios.

Y para que llegue a noticia de todos, publíquese por bando y circúlese al señor gobernador de la provincia y teniente gobernador, para que se ejecute otro tanto en el distrito de sus jurisdicciones.

Jujuy, 14 de julio de 1812”.

*Archivo General de la Nación Argentina, Sala X. Sección Nacional. Gobierno. Guerra 1812. Ejército Auxiliar del Perú, Julio – Diciembre 1812, 3-10-4.

Encuentra apoyo sobre todo entre los jujeños y con los reclutados, organiza una nueva unidad de caballería llamada los “Decididos”, que pone a las órdenes de Eustoquio Díaz Vélez.

El día 29 de julio de 1812 Manuel Belgrano da una proclama haciendo extensivo su llamado a la población. Les ordena abandonar sus hogares dejando las tierras arrasadas al enemigo. La orden de Belgrano fue terminante: no debería quedar nada que fuese de provecho para el adversario, ni casa ni objetos que fueran de utilidad, ni alimentos. Lo que no podía ser transportado a lomo de mula, de caballo o de burro, debió ser quemado.

Al día siguiente, 30 de Julio de 1812, envía desde Jujuy un oficio al Gobierno informándole acerca de los movimientos de las tropas enemigas y que por tales razones el día anterior debió expedir el Bando propiciador el éxodo jujeño:

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Con motivo de habérseme repetido los avisos de que el enemigo acercaba sus tropas a Suipacha, de que Don Benancio Benavidez había dado cuenta de nuestras fuerzas, e igualmente que muy a menudo llegaban chasquis de Salta, y ésta, avisándole que avanzase, que estaban prontos a entregarse; teniendo presente la última cláusula del primer artículo de la Instrucción que me gobierna, expedí ayer una Proclama que en copia acompaño, e hice publicar en forma de Bando, y la he dirigido a Salta para que se haga saber del mismo modo a toda la jurisdicción.
Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años Jujuy 30 de Julio de 1812
Excelentísimo Señor.
Manuel Belgrano [Rubricado]
Excelentísimo Gobierno de las Provincias del Río de la Plata.
*Archivo General de la Nación Argentina, Sala X. Sección Nacional. Gobierno. Guerra 1812. Ejército Auxiliar del Perú, Julio – Diciembre 1812, 3-10-4.

El célebre bando de Belgrano del 29 de julio de 1812 que según se lee en el documento anterior acompaña en copia al Gobierno, rezaba lo siguiente:

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“Don Manuel Belgrano, Brigadier de los Ejércitos de la Patria, Coronel del Regimiento Número 5 y General en Jefe del Ejército Auxiliador del Perú &.
Pueblos de la Provincia de Salta.
“Desde que puse el pie en vuestro suelo para hacerme cargo de vuestra defensa, en que se halla tan interesado el Excelentísimo Gobierno de las Provincias Unidas de la República del Río de la Plata, os he hablado con verdad; siguiendo con ella, os manifiesto que las armas de Abascal al mando de Goyeneche se acercan a Suipacha,  y lo peor es que son llamadas por los desnaturalizados que viven entre vosotros, y que no pierden arbitrios para que nuestros sagrados derechos de libertad, propiedad y seguridad sean ultrajados y volváis a la esclavitud. Llegó, pues, la época en que manifestéis vuestro heroísmo y de que vengáis a reuniros al Ejército de mi mando, si como aseguráis queréis ser libres”.
Llegó pues la época de que manifestéis vuestro heroísmo, y de que vengáis a reuniros al Ejército auxiliador de mi mando, si como aseguráis, queréis ser libres, trayéndoos las armas de chispa, blancas, y municiones que tengáis o podáis adquirir, y dando parte a la Justicia de los que las tuvieren y permaneciesen indiferentes a vista del riesgo que os amenaza de perder no solo vuestros derechos, sino las propiedades que tenéis.
Hacendados! apresuraos a sacar los ganados vacunos, caballares, mulares y lanares que hay en vuestras Estancias, y así mismo vuestros charquis hacia el Tucumán, sin darme lugar a que tome providencias que os sean dolorosas, declarándolos además si no lo hicieseis por traidores a la patria.
Labradores! asegurad vuestras cosechas extrayéndolas para dicho punto, en la inteligencia de que no haciéndolo incurriréis en igual desgracia que aquellos.
Comerciantes! no perdáis un momento en enfardelar vuestros efectos y remitirlos, e igualmente cuantos hubiere en vuestro poder de ajena pertenencia; pues no ejecutándolo sufriréis las penas que aquellos, y además serán quemados los efectos que se hallaren, sea en poder de quien fuese, y a quien pertenezcan.
Entended todos, que al que se encontrare fuera de las guardias avanzadas del ejército en todos los puntos en que las hay, o que intente pasarlas sin mi pasaporte será pasado por las armas inmediatamente sin forma alguna de proceso.
Que igual pena sufrirá aquel que por sus conversaciones o por hechos atentase contra la causa sagrada de la Patria, sea de la clase, estado o condición que fuese.
Que los que inspirasen desaliento, estén revestidos del carácter que estuviesen, serán igualmente pasados por las armas con solo la deposición de dos testigos.
Que serán tenidos por traidores a la patria todos los que a mi primera orden no estuvieran prontos a marchar y no la ejecuten con la mayor escrupulosidad, sean de la clase y condición que fuesen.
No espero que haya uno solo que me dé motivos para poner en ejecución las referidas penas; pues los verdaderos hijos de la patria me prometo que se empeñarán en ayudarme, como amantes de tan digna Madre, y los desnaturalizados obedecerán ciegamente, y ocultarán sus inicuas intenciones.
Mas, si así no fuese, sabed, que se acabaron las consideraciones de cualquier especie que sean, y que nada será bastante para que deje de cumplir cuanto dejo dispuesto.
Cuartel general de Jujuy veinte y nueve de julio de 1812.
Manuel Belgrano.
Manuel Josef de la Baquera.
Es copia.
Manuel Josef de la Baquera [Rubricado]”.
*Archivo General de la Nación Argentina, Sala X. Sección Nacional. Gobierno. Guerra 1812. Ejército Auxiliar del Perú, Julio – Diciembre 1812, 3-10-4.

Más que un éxodo, aquello era la imagen del renunciamiento incondicionalmente realizado. El frío y la ventisca invernales acompañaron a la caravana. El éxodo jujeño tuvo lugar el 23 de agosto de 1812.

En sendos bandos de Tristán y Goyeneche se habla de los escasos vecinos que quedaron en Jujuy, de la miseria y la devastación creadas por la guerra[1].

En un oficio del 29 de octubre, Goyeneche celebra desde Potosí que el coronel de su ejército Indalecio González de Socasa haya podido construir el cuerpo municipal siquiera fuese con tres vecinos. Y agrega: “Me llena de la más dulce complacencia el voto unánime y general que V.S. me indica de los pocos vecinos que han quedado en esa ciudad de mantenerse decididos y adictos a la Casa del Rey sin que los retraiga la devastación que el furor y venganza del Caudillo Revolucionario Belgrano han causado en su población según lo tuvo anunciado en su impío bando del 29 de julio”. 2

Hasta el 23 de agosto de 1812, la revolución había puesto a prueba el amor de sus hijos a la libertad, ofreciendo sus vidas, pero en ese momento Jujuy fue escenario de algo más extraordinario todavía: una población entera sin discriminación de clases ni de edades, que sacrificaba colectivamente, su tranquilidad, su fortuna, su existencia.. Jujuy, era el paso obligado al Alto Perú, donde se encontraba el cerro de Potosí, del que se extraía la plata, que le proporcionaba una gran riqueza. Jujuy, merced a ese holocausto por la Patria, debió renunciar a todos sus bienes, lo que la sumiría en la pobreza, de la que sería difícil resurgir.

Fue tan completo el éxodo, que el testimonio español más que el argentino, nos da una idea cabal de su desarrollo. La historia de Torrente, escrita después de la guerra, con la tradición oral de los jefes realistas, nos dice en referencia a Goyeneche: “Hallándose a esta sazón con un brillante ejército, orgulloso por sus anteriores victorias, y muy superior en número y disciplina a las pocas y desalentadas tropas de Buenos Aires, que ocupaban las ciudades de Jujuy y Salta, de las que se habían retirado después de los ataques de Suipacha y Nazareno, con orden de su comandante Belgrano para que todos los habitantes evacuasen aquel territorio llevándose los archivos y aun los armamentos y muchos vasos sagrados de las iglesias, dispuso que el mayor general don Pío Tristán avanzase con tres mil quinientos hombres en persecución de aquellos prófugos”.

Belgrano, en razón del sacrificio efectuado por el pueblo jujeño, lo hizo depositario y guardián de la “bandera nacional de nuestra libertad civil”, puesto que, gracias a ese esfuerzo supremo, fue posible ganar las batallas de Tucumán, el 24 de septiembre de 1812, y después la de Salta, el 20 de febrero de 1813. Una bandera, una escuela y dos escudos quedaron para siempre en Jujuy como testimonio del agradecimiento del prócer, que supo reconocer el patriotismo del pueblo jujeño.


[1]Cfr. Dora Blanca Tregini Zerpa, “El éxodo jujeño” en: Manuel Belgrano. Los ideales de la patria, Buenos Aires, Instituto Nacional Belgraniano de la República Argentina, 1995, p. 57. Véase: Instituto Nacional Belgraniano, Apuntes biográficos, 2ª edición, Buenos Aires, 1995.

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